MACEDONIO ALCALÁ PRIETO

Escrito por el 30 octubre, 2018

Macedonio Alcalá Prieto

Fue hijo de Antonio Alcalá Juárez y María Guadalupe Prieto Acuña, nació en Putla, Villa de Guerrero, Oaxaca, el 12 de septiembre de 1831.

Pasó su infancia en medio de las labores del campo, en donde no era muy común escuchar música, pero en cuanto tuvo la suerte de escucharla se sintió irremisiblemente atraído hacia ella, por lo que siempre se esforzaba para estar presente en cualquier reunión o evento social en donde la música fuera protagonista.

Al llegar a la adolescencia decidió que su pasión por la música era muy grande como para limitarse a sólo escucharla, por lo que buscó la manera de estudiarla… Como las clases costaban tuvo que esforzarse mucho para cubrir largas jornadas en el campo y poder pagarlas. Tomó clases particulares de poesía, redacción, composición clásica y orquestación, y pronto dominó varios instrumentos: piano, órgano, violín, viola, violonchelo, contrabajo y guitarra.

Macedonio siempre sobresalió por su gran empeño y dedicación, lo cual vio recompensado cuando el gobierno del estado de Oaxaca le concedió una beca para continuar sus estudios en la Ciudad de México.

Tiempo después volvió a Oaxaca y se integró a la Sociedad Filarmónica de Santa Cecilia, una institución que daba a conocer las obras de los compositores regionales en las festividades religiosas y en diversos actos públicos. Asimismo conseguía contratos temporales para tocar el piano o el violín en diversos establecimientos, o el órgano en las parroquias.

Una vez más su entrega y profesionalismo recibieron una merecida recompensa cuando lo nombraron director de la Banda de Música de Oaxaca.

Para el año de 1850 ya tenía su propio conjunto musical que tocaba en bailes, serenatas y fiestas particulares. Pronto se volvió muy popular y había ocasiones en que tenía que desplazarse de un municipio a otro el mismo día para amenizar fiestas y reuniones.

Ya para entonces el Mtro. Alcalá creaba sus propios temas, principalmente valses, los cuales gustaban mucho y pronto su fama empezó a crecer, por lo que sus contratos lo llevaban cada vez más lejos… Pronto llegó a tocar a la capital, en donde fue reconocido como un compositor excelso.

Algunos años después se trasladó a la ciudad de Yanhuitlán, Oaxaca, en donde empezó a llevar una vida más tranquila como profesor de música. Más adelante se casó y tuvo hijos, y con el paso de los años su situación económica se fue volviendo más y más precaria… Intentó volver a tocar en eventos y fiestas, pero lo que ganaba no era suficiente para darle una vida estable a su familia, lo cual le llevó a la depresión.
En donde se casó y tuvo tres hijos. Por aquella época, alrededor de 1867, fue profesor de música en la Hacienda de la Concepción.  Aunque profesionalmente se desarrollaba bien, la música no le permitía, situación que lo llevó a deprimirse y enfermarse, y después a entregarse al alcohol, lo cual terminó por arruinarle. Por más que buscaba alternativas, tocando en fiestas, reuniones sociales y demás, el dinero no llegaba, y cuando llegaba, no alcanzaba… Se le ocurrió entonces regresar a Oaxaca para buscar mejores oportunidades e inició el viaje en compañía de su hijo José, pero no consiguió llegar, pues cayó enfermo por un problema hepático causado por el alcoholismo.

Su familia lo alcanzó en la ciudad de Jalatlaco. Desesperados, buscaron la ayuda de los hermanos de Macedonio, Nabor y Bernabé, pero éstos se negaron a ayudarles.

Así, Macedonio y su familia ya habían perdido toda esperanza cuando, milagrosamente, llegó la ayuda: la Sociedad de Santa Cecilia, integrada por filarmónicos oaxaqueños, a la cual Macedonio había pertenecido, llegó al rescate. Le enviaron un médico, medicinas y apoyo económico y espiritual por el tiempo que fuera necesario para que se restableciera.

ASÍ NACE EL HIMNO DE LOS OAXAQUEÑOS «DIOS NUNCA MUERE»

Mientras convalecía fue visitado por un grupo de indígenas de Tlacolula, quienes le pidieron que compusiera un vals a la virgen patrona de la población. En 1867 el flautista José Maqueo lo fue a ver, y al notar la triste situación de Macedonio, sin que éste se diera cuenta le dejó doce pesos bajo la almohada. Al día siguiente el compositor encontró el dinero, le dijo a su esposa: “Mira, Dios nunca muere, siempre consuela al afligido”, y de inmediato, a pesar de su mala salud, milagrosamente empezó a escribir su notable vals.

Sorprendentemente, «Dios Nunca Muere» tuvo un éxito rotundo desde la primera ocasión en que se tocó en público, y el pueblo entero estaba tan agradecido con el Mtro. Alcalá que le brindaron toda la ayuda necesaria para que terminara de recuperarse y concluyera finalmente su traslado a la ciudad de Oaxaca.

Así, se estableció de nuevo en su ciudad natal, en donde radicó el resto de su vida, que se apagó no mucho tiempo después, el 24 de agosto de 1869.

Tras el fallecimiento de Macedonio Alcalá, su hijo José fue recogido por su tío Bernabé, quien años más tarde cambió algunos compases del vals «Dios Nunca Muere» y lo publicó con su nombre. José no se opuso por lo mucho que le debía a su tío, pero afortunadamente los indígenas de Tlacolula protestaron por el plagio, y demostraron que la composición era original de Macedonio Alcalá.

Todavía al día de hoy, el vals «Dios Nunca Muere» está considerado como el himno de Oaxaca, en donde todo aquel que lo escucha se pone de pie desde los primeros compases.


Nuestro personaje fue un hombre del pueblo y un bohemio en el concepto clásico, sencillo y bondadoso. Se cuenta que la alta sociedad y todos los pobladores de Oaxaca, allá por los años que siguieron a la mitad del siglo XIX, le tenían en gran estima; le guardaban admiración, respeto y cariñosamente le llamaban como sus amigos y compañeros de arte, “Tío Macedas”, esto escribió su paisano Humberto Muñozcano.

 


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